Cada 25 de enero, celebramos más que un cargo o una función pública; honramos la noble entrega de quienes han hecho del bienestar común su propósito de vida. Ser servidor público es ser la mano que ayuda, la voz que orienta y el motor que impulsa el progreso de nuestra sociedad.
Hoy reconocemos con profundo orgullo ese sacrificio silencioso y esa integridad inquebrantable. Gracias por ser el rostro de la ética y la transparencia, y por trabajar incansablemente para construir la patria que soñamos.